14 de noviembre de 1979, hace 46 años, cae en Combate, en una operación financiera del Frente Guerrillero «Américo Silva» (FAS), en Cumanacoa, Estado Sucre, el Valiente Combatiente Guerrillero Luis Rafael Calma.
Luis Rafael Calma Hernández, nació en Puerto la Cruz, estado Anzoátegui un 6 de abril de 1951, hace 74 años.
Hijo de la valerosa mujer, Doña Petrica Hernández de Calma, de las heroínas anónimas, madres de la insurgencia, se incorpora muy joven a las luchas revolucionarias, militando en las filas del partido Bandera Roja.
Estudió en el Núcleo Sucre de la Universidad de Oriente (UDO), la carrera de Biología Marina. Es allí donde hace sus primeros contactos con compañeros de Bandera Roja (Aquel Partido).
Cae detenido por los servicios del delator Benigno Rodríguez, quien, tras ser capturado por la DISIP, se pasó de inmediato a las filas del enemigo, y desató una feroz persecución contra sus antiguos compañeros, siendo ascendido, por sus «méritos» como traidor, al grado de comisario de la DISIP.
Luis Rafael Calma es enviado a la Penitenciaría General de Oriente (Cárcel de la Pica), estado Monagas donde, en agosto del 77, es uno de los protagonistas, junto a otros 12 compañeros, de la espectacular fuga-rescate, en lo que se denominó «La Operación Vicente Contreras Duque», la cual fue coordinada, desde adentro por los presos políticos y desde afuera por un destacamento guerrillero del FAS, comandado por Emperatriz Guzmán Cordero (Comandante Chepa) y Pedro Véliz Acuña (Ringo).
Fue uno de los más valerosos y aguerridos combatientes del FAS, siendo junto a Mateo Enrique Guillén Rebanales (El Negro Domínguez/ El Negro Ventura) y Jóvito Faustino Lugo, referente de coraje, para otros jóvenes guerrilleros.
Ofrendó su vida, cumpliendo una misión financiera, para que el sueño de la lucha armada guerrillera nunca muriera.
Contaba con la edad de 28 años para el momento de su caída en combate.
Su Madre Doña Petrica y sus hermanos, principalmente María Victoria y Ramón Calma (Teto), nunca perdieron la fe en su sueño revolucionario, nunca renegaron de la causa de aquel hijo caído en combate, a pesar de padecer en carne propia, el peso de la persecución, el asedio y una vida de angustia y zozobra, por «el crimen» de tener un hermano revolucionario. Por el contrario, se hicieron militantes de su sueño.
El ejemplo de Luis Rafael, de Doña Petrica y de la familia Calma, siempre serán dignos de la admiración y el reconocimiento militante.
CANTAURA VIVE
¡¡¡Honor y gloria a Luis Rafael Calma!!!
¡¡¡Guerrilleros ayer, insurgentes siempre!!!





