Un contexto en el que, aunque no existiese una preocupación formal en definir lo rural, ya que este, casi siempre era tratado como residuo de lo que todavía no era urbano, muchos autores se proponían defender la contraposición entre CIUDAD y CAMPO, basados inicialmente en criterios fundamentados en las primeras divisiones del TRABAJO, en las que se destacaba la separación entre el trabajo intelectual y manual.
Karl Marx y Friedrich Engels, interpretaban la separación entre la ciudad y el campo como la forma más preeminente de división entre el trabajo intelectual y material.
Para ellos, la ciudad constituía el LOCUS de la concentración de la población, de los instrumentos de producción, del capital, de los placeres y de las necesidades, mientras que el campo evidenciaba lo opuesto, el aislamiento, y la dispersión.
Entendían igualmente que la separación entre la ciudad y el campo podría concebirse también como la separación entre el capital y la propiedad de la tierra, como el comienzo de una existencia y de un desarrollo del capital independiente de la propiedad de la tierra, como el inicio de una propiedad basada en el trabajo y en el intercambio”.
Ideas que, vigentes entre los marxistas del siglo XX, fueron así interpretadas por Henri Lefebvre:
Mientras a la ciudad le incumbe el trabajo intelectual – funciones de organización y de dirección, actividades políticas y militares, elaboración del conocimiento científico (filosofía y ciencia) – que trae las imágenes del esfuerzo, de la voluntad, de la subjetividad, de la razón, sin que estas representaciones se distancien de las actividades reales; por su parte, el CAMPO es, al mismo tiempo, realidad práctica y representación, que traen las imágenes de la naturaleza, del ser, del original.
Volviendo al siglo XIX, origen de nuestro análisis, se observa que en función de las transformaciones que venían produciéndose en la ciudad industrial en su último tercio, hubo muchas tentativas de formular argumentos que definiesen la ciudad y el campo, algunos a partir de sus actividades, y otros basados en los valores y en el comportamiento que caracterizaban citadinos y campesinos.
Algunas de estas definiciones, razonadas desde parámetros como la densidad demográfica y las actividades económicas, hicieron hincapié en la supuesta oposición que caracterizaba la ciudad y el campo.
Estas fueron, por ejemplo, las posturas de Ferdinand Von Richthofen, Friedrich Ratzel y Marcel Aurousseau, publicadas en el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, respectivamente.
En el transcurso del siglo XIX al XX, Ferdinand Von Richthofen (1833 -1905), geógrafo y geólogo alemán, se ocupó de precisar la ciudad como una agrupación cuyos medios de existencia normales consisten en la concentración de formas de trabajo que no están consagradas a la agricultura, sino particularmente al comercio y a la industria.
También, las definiciones de Friedrich Ratzel, en su obra Antropogeografía (1882), hacían alusión a la ciudad y al campo a partir de algunos aspectos antitéticos, como:
- a) Las actividades practicadas en las aldeas, basadas en la agricultura y en la ganadería, ante las realizadas en las ciudades, basadas en la industria y en el comercio, y
- b) La estructura de las viviendas, individuales en los Pueblos y concentradas en las ciudades.
Algunas décadas más tarde, corroborando y ampliando las caracterizaciones de los autores anteriores, Marcel Aurousseau, afirmó en 1921 que:
RURALES son aquellos sectores de población que se extienden en la región y se dedican a la producción de los artículos primarios que rinde la tierra; los sectores URBANOS, en cambio, incluyen a las grandes masas concentradas que no se interesan, al menos en forma inmediata, por la obtención de materias primas, alimenticias, textiles o de confort en general, sino que están vinculadas a los transportes, a las industrias, al comercio, a la instrucción de la población, a la administración del Estado o simplemente a vivir en la CIUDAD.





